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02 de Mayo, 2012 | Caminito al costado del mundo

Vivir en 2.0 o morir en el intento

La noticia hoy es que vivimos en un mundo diferente, en el que todos estamos conectados y que la información que brinde cualquiera, independientemente a que esté o no los medios de prensa, tiene peso. La verdad, un concepto filosófico que se discutió desde el origen de los tiempos, tiene una mayor diversidad de dueños, por este componente extra, la posibilidad de que cada persona, conectada al mundo global pueda dar su visión de los hechos. Podrán decir que no es una información nueva. Coincido plenamente en esta apreciación. Sin embargo etiqueto de esta forma el comentario porque parece que seguimos sin comprender el nuevo paradigma que marca las pautas de la sociedad en la que estamos viviendo.

Un ejemplo claro es el caso en el que está involucrado un futbolista del Club Olimpia que fue visto en una discoteca horas antes de un partido por el torneo local. La versión surgió a través de redes sociales y la misma intentó ser desacreditada por los atletas. Tanta fue la indignación en el vestuario franjeado que tomaron, como una medida corporativa no declarar a los medios de prensa. Una decisión totalmente incomprensible, por varios factores.

El primero, no fue a través de la prensa que se denunció esta inconducta, sino a través de redes sociales. Personas que afirman haber visto al atleta en un horario inapropiado, antes de un encuentro clave. Los medios de comunicación se hicieron eco de una información, y a pesar de los cuestionamientos que se pueda hacer de la labor de los colegas, en esta actuaron como corresponde, consultando al involucrado su versión de los hechos.

Aunque exista un espíritu de cuerpo, un sentimiento corporativo como el que demostraron los deportistas como primera reacción ante los rumores, la tecnología avanzó tanto que es cada vez más difícil ocultar una verdad. Antes que reaccionar ante una situación particular, lo que deberían hacer es pensar que hacer y comprender que la exposición mediática trasciende las “pruebas” que se puedan presentar, que fue el argumento principal que esgrimieron los involucrados para defenderse en este sonado hecho.

El mundo de hoy cambió. Lo que aparenta ser un comentario inocente, frente a una computadora o un teléfono celular, puede ser un insumo para una noticia. La misma no necesariamente tiene que llegar a los medios de comunicación para ser masiva y que produzca un impacto que pueda remover estructuras.

Esta no es una realidad nueva. Gobiernos de años de consolidación cayeron en Oriente Medio el año pasado a través de convocatorias realizadas en las redes sociales. Nosotros, los trabajadores de la prensa también tenemos que comprender que no somos los portadores de la verdad, sino simples agentes de comunicación en un mundo en donde lo que abundan son los datos. Nuestra función se limita a darle un formato en el que se discriminen las noticias que puedan ser válidas para darle un contexto. Las conclusiones, como siempre pero ahora con mayor fuerza, quedan a cargo de la audiencia que tiene un poder incontenible. El de sus propias opiniones a través de las redes sociales.

Quien no comprenda esto está fuera del nuevo mundo 2.0. Parece una afirmación cruel y contundente. Sinceramente, lo es.

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