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29 de Septiembre, 2011 | Caminito al costado del mundo

La televisión paraguaya de hoy

Toda una vida son 46 años. La irrupción de la televisión en el Paraguay indudablemente significó un antes y un después en la sociedad. De acuerdo a los testimonios de ese tiempo, el fenómeno sería comparable con lo que estamos viviendo actualmente en la revolución de Internet y toda la cultura 2.0 en donde los paradigmas de la comunicación y la coexistencia cambiaron absolutamente.

Además de que las transmisiones de Canal 9 eran toda una novedad, en ese momento, se entretejieron muchas hipótesis acerca de la inserción televisiva en nuestro país. Que iba a reemplazar y eliminar a la radio, que modificaría la percepción de las cosas, que se convertiría en un poderoso elemento distractor de la convivencia cordial de la época. Muchas  aseveraciones fueron desmitificadas con el paso del tiempo. Con otras aprendimos a convivir. De todas las afirmaciones, la que señalaba que la televisión iba a ser un referente importante del periodismo, se mantuvo por un tiempo. Ahora esto ya es parte del pasado.

Lastimosamente la degradación de la información y un acelerado proceso de comercialización del contenido han transformado a Canal 9 y a los canales de nuestro país en un cementerio de las informaciones y la producción local. El debate de los temas centrales de la realidad nacional ha sido desplazado a espacios residuales con poca difusión, privilegiándose la emisión de enlatados, llámese telenovelas o películas antiquísimas, en los horarios de mayor rating.

Si de contenidos locales hablamos, el efímero tiempo de producción de tiras nacionales, que daba trabajo a profesionales del país, cedió su espacio a las megaproducciones de formatos importados, en donde la competencia es el único fin, para captar la atención y los recursos económicos de los televidentes.

Los noticieros, más que reportar las informaciones del día se convirtieron en realitys show de baja calaña, en donde la sangre y el amarillismo salvaje son el origen, el medio, la motivación y el fin de todo lo que se observa en la televisión local en estos días. Para citar un ejemplo contundente. Antes hablaban analistas, hoy el menú cotidiano son las escenas en los velorios, haciendo primerísimos planos de cadáveres y deudos envueltos en el más profundo dolor y llanto.

Muchos quieren atribuir este fenómeno a un público que está ávido de estos contenidos. Se amparan en el maldito dios rating que está por encima de todo, incluso de la propia dignidad humana que es foco del miserable trato de comunicadores que un tiempo son fiscales acusadores, en otro tiempo se erigen en investigadores, y al rato se ungen como profetas que anuncian la llegada de las más crueles calamidades para una sociedad que se debate en la miseria de la ignorancia, que es aprovechada por este esquema televisivo.

La televisión ya ni siquiera es una caja boba, porque no entretiene. Hay que decir claramente que la diversión es un fin interesante para cualquier persona que también requiere de un descanso reparador y de una distracción necesaria. Sin embargo, los directivos de la televisión paraguaya optaron por prostituir las pantallas, por manipular las noticias, por tergiversar la realidad y convertirla en un objeto de marketing barato, en que sus propias madres están en subasta. Lo único que importa es el rating. Todo lo demás es negociable.

Canal 9 cumple 46 años de emisión, atravesando, junto a la televisión en general por su peor momento. Duele reconocer esto, porque el contenido de los medios no es más que un reflejo de la realidad que estamos viviendo. Lo que preocupa es que constantemente creemos que estamos tocando fondo, aunque siempre se ingenian para encontrar una forma de seguir cavando para llegar más y más bajo.

No nos engañemos, que el negocio funcione no es un parámetro para medir la calidad de los contenidos televisivos. Estamos confundidos, creemos que es primavera, porque vemos a avispas revoloteando sobre un jardín. La verdad es que son moscas dando vueltas, ahí mismo donde sabemos. En ese lugar que les encanta, la televisión paraguaya.

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