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29 de Noviembre, 2011 | Caminito al costado del mundo

Educación el desafío del mundo 2.0

Las redes sociales de un tiempo a esta parte vinieron a revolucionar nuestras vidas. No solamente porque implican un entramado diferente en el que existe un lenguaje y vínculos propios, sino porque con un vistazo uno puede tener diferentes puntos de vista de personas que están separadas físicamente, que pueden coincidir o disentir en algunos conceptos. Estas redes pasaron de ser una diversión inocua o una distracción chismosa, a convertirse en un termómetro social interesante para comprender el pensamiento de parte de la población.

Es increíble intentar comprender el mecanismo de funcionamiento de las neuronas (pocas o  muchas, saque su propia conclusión) de ciertas personas que escudadas en el anonimato corporal, y envalentonadas por la conducta gregaria de tener posición distante – físicamente hablando – dicen lo que realmente sienten. En esas expresiones uno evidencia sus más sinceros pensamientos y sentimientos.

El accidente que derivó en el deceso de dos personas y que tiene peleando por su vida a Santiago Fernández Bogado, hijo de los conocidos Benjamín y Lizza, es uno de estos hechos que realmente impactan por el tratamiento que se le da en las redes. Que este joven sea conocido despierta, además de la solidaridad de su entorno y de la cercanía de quienes siguen la tarea de sus padres, otro tipo de expresiones que rayan lo ridículo.

La cuestión se magnificó luego de conocerse un parte médico, en donde pedían sangre para colaborar con su recuperación. Al instante, los cuestionadores de siempre aparecieron a criticar esta solicitud. Sus argumentos apuntaban a que solamente se está colaborando con el hijo de un famoso, y que si era un descendiente de Juan Pueblo, el reclamo sería menor.

Lo primero que uno puede destacar es el egoísmo y la falta de tacto. Su solidaridad es inexistente, porque si fuesen éstos los involucrados en un caso tan triste, estoy seguro que también pedirían la colaboración de la ciudadanía.

Las especulaciones acerca de las causas del accidente también surgieron. Como si fuese que se debería optar para salvar las vidas de quienes cumplen o no las reglas de tránsito. Cuando una existencia está en juego, lo prioritario es luchar para salvarla. En otro momento y circunstancias se discutirá las responsabilidades individuales de los protagonistas.

Por último considero interesante que los propios periodistas y medios de prensa hagamos una necesaria autocrítica acerca de la forma en la que genéricamente tratamos la información. Los responsables de la mayoría de las jefaturas de prensa apuntan al sensacionalismo como único argumento en el tratamiento de las noticias. Sin embargo, cuando estamos vinculados de forma más cercana, recurrimos desesperadamente a solicitar prudencia en las expresiones sociales.

Esto ocurre en una sociedad acrítica que pide a gritos revolucionar sus bases educativas para mejorar su calidad de razonamiento, cualitativamente hablando. En donde las verdades estén sujetas a debate y no subordinadas a manipulaciones perversas, con la ignorancia como componente que marca su presencia de forma impactante. O en criterios basados en sentimientos, que se sabe, son irracionales.

Si se minimizan la ignorancia y el fanatismo, lo posterior nos orientará hacia el rumbo que necesitamos transitar. Personas educadas y racionales no deberían caer en acciones miserables ni cuestionables por el simple hecho de sentirse inferiores. Recordemos que otro atributo de las redes sociales fue igualarnos a todos en un mismo nivel, en el que cada uno puede opinar libremente. El desafío, por lo tanto, consiste en darle contenido a esas expresiones.

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