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21 de Agosto, 2012 | Caminito al costado del mundo

Desigualdades indignantes

Una huelga de funcionarios del Ministerio de Hacienda captó la atención de la ciudadanía. No precisamente por las escaramuzas entre los sindicalizados y la Policía Nacional, ni por la tensión que deriva de esta serie de manifestaciones. Hasta si forzamos la situación, ni siquiera el tema principal podría ser la cantidad de reivindicaciones solicitadas, sino que las mismas hace tiempo están vigentes, y que para la mayoría de los ciudadanos era un tema desconocido.

Ahora bien, intentando comprender mejor la situación deberíamos examinar los argumentos de los sindicalizados para intentar entender mejor la cuestión. Como en muchos casos, la justificación puede hasta sonar razonable. Por ejemplo,  cuando señalan que un empleado estimulado rinde mejor. Sin embargo, escarbando un poco más entramos en particularidades que ya son impopulares. Por citar un caso, el plus por lo que ellos llaman “presentismo” que se explica con el pago por llegar a hora y no estar ausentes, algo inherente a todo cargo en cualquier función, ya sea pública o privada.

Entrar a profundizar este tema específico de los reclamos de los funcionarios de Hacienda no es precisamente el motivo de este comentario, porque está más que clara la indignación que genera la serie de reclamos. El objetivo es, mirando lo que pasa en la cartera estatal, intentar dar un pasito adelante en el tema laboral, mirando el mercado en el que estamos en Paraguay.

Por una parte, es increíble que el Estado paraguayo siga siendo el empleador principal de la República, con un porcentaje elevadísimo, el 92% de las arcas destinadas al pago de salarios. A esto debemos agregarle que se destinan estos rubros sin un criterio unificado en la función pública. En distintos organismos, con cargos similares el salario (beneficios incluidos) es totalmente diferente. Este dato revela dos cuestiones de hecho, que la administración estatal es un absoluto caos y que el único criterio válido para establecer premios (en este caso asignaciones mensuales) es la politiquería. No existe otra forma de justificar tamaña desigualdad.

El segundo punto que deberíamos discutir es la total inequidad entre las condiciones laborales entre el sector público y el privado. Mientras el respaldo sindical, para negociar contratos colectivos llega a acuerdos beneficiosos para los empleados (hasta abusivos, como el caso de Hacienda) en las empresas privadas el trabajador en muchos casos carece de un respaldo legal para acogerse a los beneficios mínimos, como el seguro social, la jubilación y sin ir tan lejos, que se respeten las 8 horas por cada jornada laboral. La necesidad, con cara de hereje, hace que se esté más cerca de la esclavitud que del respeto a las normas laborales establecidas.

Sería un craso error olvidar a los olvidados de siempre, los desempleados y subempleados. Estos que conforman un parte importante de la población económicamente activa y carecen de cualquier resguardo. Están al margen del sistema, convirtiéndose en una mano de obra totalmente desechable.

Un viejo axioma en el ámbito laboral señala que el factor que genera más conflictos en una empresa es el salario comparado (lo que gano en comparación a los otros) Utilizando esta premisa se entiende que además de la incomodidad que puede causar la protesta de los funcionarios del Ministerio de Hacienda, lo indignante es comparar su realidad con la que vive la gran mayoría de los trabajadores en el Paraguay. Casi tanto, como el rechazo que genera algún Diputado que asegura que su sueldo de más de 30 millones no le alcanza para vivir.

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