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23 de Marzo, 2013 | Caminito al costado del mundo

Bienvenido hermano paraguayo

Viernes un poco después del mediodía partimos desde el puerto de Ita Enramada con destino a Resistencia, República Argentina. Tras los trámites migratorios de rigor y los últimos aprestos, tomamos la ruta nacional 11 apuntando hacia nuestro destino final, la capital de la provincia del Chaco. El hermoso día y las siempre en buenas condiciones rutas del norte argentino hicieron que el trayecto sea placentero. El objetivo del viaje, realizar unos trámites rápidos, se facilitaba en estas condiciones.

Casi a las 17 hs. 37 kilómetros antes de llegar a Resistencia, un cartel nos indica que a 1.500 metros estaba una barrera policial. Advertidos de esta situación, nos dispusimos a superar los controles correspondientes, con todos los papeles en mano. Un serio policía de la caminera me solicita mis documentos, los revisa y conversa con sus colegas. Minutos después me informa sobre un presunto adelantamiento que había realizado de manera indebida, por lo que estaba procediendo a labrar el acta de mi multa. Una camioneta que estaba atrás de mi vehículo, casualmente también con chapa paraguaya, era cuestionada por la misma infracción.

En el auto viaja conmigo mi familia. Mi esposa y mis tres hijos no entendían el motivo por el que se detenía nuestro marcha ya que no existían motivos para esto. Sin explicaciones, más que ellos mismos envestidos como autoridad indiscutible, los agentes policiales me informaron que me estaban multando por esa falta que no había cometido. La única prueba en mi contra era su palabra. Los policías repitieron una serie de mentiras y más mentiras ya que no cometí infracción alguna, ni en ese punto, ni durante todo el trayecto. No podría ser tan irresponsable en arriesgar a lo más preciado que tengo, cometiendo imprudencias de ningún tipo.

De nada sirvieron las argumentaciones que planteé. Mi suerte estaba echada. La esperanza de resarcir este mal rato estaba en la oficina de Tránsito de Resistencia (Arturo Ilia 975) presentando mi descargo, sitio al que acudí presuroso para no quedar con antecedentes.

Al llegar al lugar, la amabilidad de los funcionarios no sirvió más que para aplacar mi rabia contenida. La opción de liberarme de esta injusta infracción era un largo litigio desde Asunción en el que debía presentar mis argumentos, contra los del agente que me multó, para que la jueza dictamine. Mi palabra contra toda la burocracia de la Provincia del Chaco, sin la garantía de que mi caso sea atendido como corresponde.

Finalmente las alternativas se redujeron a pagar 523 pesos o vivir meses angustiantes de papeleos en los que finalmente podría ser obligado a pagar esos 523 pesos, que podrían ir incrementándose, hasta incluso declararme en rebeldía. Con este panorama, procedí a legitimar la injusticia y el robo descarado del que fui víctima. Aboné los 523 pesos, evitando todo el engorroso trámite que me pudiera esperar de caso contrario.

No soy perfecto ni quiero privilegios. Solamente exijo justicia. La que no tuve para enfrentar esta mafia legalizada en las rutas argentinas. Un escenario similar al que se vive en nuestro país y la región, cuando un extranjero circula por su territorio. Cuando suceden este tipo de cosas es en donde te das cuenta que de nada sirve el MERCOSUR y los organismos multinacionales. Los ciudadanos estamos indefensos ante la voracidad burocrática estatal que te esquilma sin asco.

Escribo este post para pedirles que tomen sus previsiones al circular en este tramo. Porque la chapa paraguaya es una invitación al abuso por parte de estos policías de la caminera que envalentonados con su uniforme, se muestran prepotentes, dejando muy mal parados a los amigos argentinos que siempre nos recibieron en su suelo con los brazos abiertos.

El otro fin de estas líneas es intentar garantizar mi trayecto de vuelta. Al menos para tranquilizar los fantasmas que me llevan a pensar de que esta situación la podría volver a vivir. Ya en su momento, en tiempo y forma haré llegar mis reclamos a las autoridades de la zona y a los propios colegas de la región.

Como convencido del poder de las redes sociales, sé que este reclamo puede ayudar a descomprimir la voracidad de la infraestructura del tránsito, en días en los que varios compatriotas podrían visitar suelo argentino.

Finalmente me atrevo a recomendarle que si va a visitar a la Argentina, tenga mucho cuidado. Antes la coima era el mecanismo. Ahora todo el aparato estatal se mueve para recaudar a costilla de los extranjeros, que desamparados, nos encontramos en desventaja para afrontar este tipo de situaciones totalmente injustas.

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