Allá por el 2006, Fernando Lugo, entonces obispo de San Pedro, ganaba popularidad en el ámbito político oponiendose a las intenciones "cuasi-dictatoriales" del entonces presidente de la República y del Partido Colorado, Nicanor Duarte Frutos.
Quien era jefe de Estado por aquellos días lo que buscaba era que vía enmienda constitucional se le permitiese presententarse nuevamente a una elección que, en base a votos, determine si se le adjudicaba un nuevo mandato al frente del Paraguay.
Lugo, aseguraba que ese no era el camino, que la vía era la Reforma Constitucional. Que Nicanor lo que hacía con la enmienda era "buscar galletas en una verdulería". Hoy, la situación es distinta, cuanto menos Fernando está buscando frutas.
Allegados al presidente Lugo iniciaron una campaña de recolección de firmas -30 mil son las que necesitan- para que el Congreso Nacional tenga la obligación de tratar una posible enmienda y luego someter a una consulta popular si la gente quiere o no que el presidente pueda buscar la reelección.
Con estos antecedentes, me permito dar mi opinión no solicitada y algunas valoraciones al respecto.
1. Recurso'i. Es muy simplón anteponer argumentos como que la coyuntura actual es distinta a la del 2006 o que ahora se están haciendo las cosas bien. Lo mismo lo podían haber dicho los colorados cinco años atrás y tendría el mismo peso, tanto para contreras como para hurreros.
2. Por el bien del Paraguay. Si Lugo y sus cercanos se dieron cuenta ahora que no es suficiente un mandato de cinco años, pues bien lo más honesto y justo sería pedir que se pueda reelegir a un presidente, a partir del próximo periodo.
3. A favor. Estoy de acuerdo en que debe haber una posibilidad de que un mandatario sea reelecto, pero no admito la incoherencia de que, antes la vía era la reforma, pero ahora que están en el poder, había sido, también se podía enmendar.
4. Para eso están. Grises abundan y los abogados le encuentran y encontrarán la vuelta a la Constitución. Mientras, los políticos se la pasan por el culo y se comen sus propias palabras. Lugo no es la excepción.
5. Favor a los colorados. Quienes quedan bien parados son los republicanos. De juntarse las firmas, no me quedan dudas de que los Galaverna, Bogado o Benítez, se llenarán la boca de elogios hacia una probable enmienda. Que es justo lo que querían hace media década y lo que posibilitaría a Horacio Cartes a perpetuarse por al menos 10 años en el poder de ganar las generales de 2013.
6. Sucesor. La izquierda ni la Alianza potenciaron un candidato que siga la línea "del cambio". Si como dice el Gobierno hay un trabajo pendiente a largo plazo a nivel país, lo debiera de poder hacer Lugo o Juan Pérez ¿no? Si la fórmula está, faltarían solamente los actores. Allí se destaca una gran falla, no encuentran otro capitán fuera del ex obispo.
7. Mentiras. Si mintieron antes, lo van a volver a hacer. Si ahora dicen que solamente se busca que un presidente pueda gobernar por dos periodos, ¿Quién nos garantiza que allá por el 2016 no digan que debe ser por tres mandatos y así sucesivamente?
En síntesis, mi deseo es que Lugo cumpla con lo que le prometió a sus electores. Hablo de cambios a nivel general, no solo la reelección, alteraciones a nivel judicial, legislativo, es decir; reformas. Alguien con decisión, determinación y firmeza y no un acomodado de novela.
Fernando Lugo prometio el cambio. Cumplió. Cambió él.
Eso nomás quería decir.
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