Grupo de amigos, encuentro, a uno de los presentes le da un ataque de risa, se ríe el de al lado mientras los demás siguen conversando. De repente, cualquier balbuceo es válido para que continúen las carcajadas, la charla para y los demás también se unen. ¿Saben de que se ríen? No.
Entonces ¿Qué festejamos? Las celebraciones del Bicentenario de la República del Paraguay comienzan en la avenida Mariscal López y San Martín y acaban a la altura de Colón tras pasar el centro.
Las alegorías coloridas ubicadas en los principales puntos de concurrencia parecen haber sido inspiradas en aquella mala secuela de El Mariachi, "Érase una vez en México". Que alguien le pague los royalties a Robert Rodríguez.
Y al momento de escribir estas líneas espero ansiosamente que sea 17 de mayo y que este falso sentimiento de amor a la patria se haya ido. Es decir, dentro del "pachriotismo" barato y nacionalista en el que muchos se escudan, existe algo peor, el orgullo.
Escuchando a muchas personas me topo con lo mismo, gente "orgullosa" de ser paraguaya. No hay nada más ridículo. Es sencillamente imposible superar tamaña estupidez. ¿Porqué? Porque haber nacido en Paraguay es gran parte un accidente geográfico. Robando ideas de lo que contaba George Carlin, se puede decir que ser paraguayo no es necesariamente una habilidad, es algo que pasó y punto.
Uno puede estar contento de ser paraguayo, de haber elegido la nacionalidad, pero hasta ahí. No orgulloso, en ese caso caeríamos en el fanatismo religioso o pasional del futbolero, que cree que tuvo alguna implicancia su aliento en que su equipo favorito haya ganado un partido.
Algunos cuantos hablan de lo grandes que fueron quienes pelearon guerras para defender este territorio al que se conoce como Paraguay. Mis respetos a ellos y tres cosas; igual perdimos mucho, murieron demasiados al pedo y las batallas se terminan por decisiones políticas, basadas en análisis económicos y de conveniencia.
Es necesario remarcar que vivir bajo un Estado que, oprime y se encarga todos los días a través de su errado sistema de gobierno de mearse en cuanto ciudadano le meta pata, es probablemente la causa y origen de nuestros males.
Nuevamente, ¿Qué celebramos? ¿Tener la hidroeléctrica más grande del mundo y que la energía se corte una vez por semana? ¿Que los egresados del sistema educativo secundario no sepan usar más de 300 palabras?
¿Qué celebramos? ¿Que una especie de mosquito destartale la red de servicios sanitarios? ¿Que una claque social dominante, que controla el poder económico también haga lo propio con el poder político?
¿Qué celebramos? ¿Gastar 20 millones de dólares en pirotecnia cuando lo único que podría permanecer en la historia como parte de la cultura que tanto se añora, el arte, se quema en un edificio?
Piénsenlo de nuevo. Hace 200 años lo único que pasó fue que cambiamos de dueño. De patrón. De estilo. De colores. Desde aquel entonces y hasta ahora, hay gente que ha decidido perpetuarse hasta donde pueda, hasta consumir todos los recursos posibles a costa de otros, de ustedes, de mí.
Y no vengan con eso de que esto lo cambiamos juntos porque el Estado somos todos. No, en realidad son pocos, cagandole la vida a muchos, como nosotros.
Igual, si quieren pueden seguir riendo. En ese caso, les deseo, muy pero muy feliz Bicentenario. Pelotudos.
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