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25 de Octubre, 2011 | Platea Baja

El fútbol paraguayo solo tiene los árbitros que se merece

Desde que el fútbol comenzó a regirse por federaciones, confederaciones y asociaciones, las polémicas comenzaron a hacerse presente. Y, sobre todo en los últimos años, las mismas tuvieron como protagonistas principales a los árbitros, aquellos que en teoría fueron llamados a “impartir justicia” en un encuentro.

Pero, lejos de hacer cumplir las reglas como realmente debe ser y, escudados en el famoso “los árbitros también son humanos”, los errores fueron acrecentándose al punto que de ser “agredidos” muchos jueces y líneas pasaron a ser “agresores”.

Sucedió este fin de semana, en el cotejo en que General Caballero derrotó a Nacional (2-0). Y, aunque hasta el propio Hugo Santa Cruz no vio “mala intención” en el árbitro Arnaldo Samaniego, el simple hecho que haya empujado con prepotencia al delantero para separarlo de Carlos Ruiz, representó agresión.

Lo mismo pasó en el choque entre Libertad y Tacuary, donde Raúl Román denunció que el árbitro Ulises Mereles lo empujó “con el puño cerrado” para separarlo de su asistente Roberto Cañete, quien por cierto recibió una desleal patada de Ramón Cardozo.

En el Este, el árbitro Jorge Mercado mostró total falta de personalidad para resolver algunas acciones polémicas y se pasó de errores. Mientras que en otros partidos, los líneas fueron protagonistas directos al anular o dejar seguir jugadas dudosas que acabaron en goles.

¿Sorpresa? Para nada. Últimamente, el fútbol paraguayo se llenó de arbitrajes polémicos y, en consecuencia, de hinchas, futbolistas y dirigentes lamentándose y criticando duramente a través de los medios radiales y televisivos.

Los reclamos, que comenzaron por el árbitro de turno y pasaron por el director de árbitros Ubaldo Aquino, terminaron por la misma Asociación Paraguaya de Fútbol (APF). Pero, ¿y el mea culpa para cuando? ¿El hacerse respetar como miembros que hacen y mantienen a la Asociación?

En el sitio web de la APF, en el apartado de “Misión y Visión” de la entidad deportiva, puede leerse lo siguiente: “Somos una asociación civil, conformada por entidades, clubes, federaciones y ligas, constituida para promover, organizar, fomentar, orientar y dirigir el fútbol paraguayo, cumpliendo con las normas de la Federación Internacional de Fútbol Asociados (FIFA), sustentada en el ideal deportivo que propicia la unidad y la armónica convivencia humana”.

En tanto que en el último punto del Artículo 1 de sus estatutos, puede leerse que “La APF se obliga a respetar y hacer respetar a sus Miembros: los Estatutos y Reglamentos, Directrices y decisiones de la FIFA, CSF y las Reglas de Juego de la IFAB, garantizando su fiel cumplimiento e imponiendo sanciones a los que los violen”.

¿Quiénes son los “miembros” de la APF? ¿Quiénes eligen al presidente y al comité ejecutivo de la APF? ¿Quiénes les dan total potestad para elegir autoridades de cada dirección o departamento? ¿Quiénes establecen los reglamentos para cada torneo?

Todas las respuestas son las mismas: Los miembros de la Asociación, es decir, los clubes representados a través de sus presidentes y delegados. Entonces, ¿no tienen ellos mismos la autoridad suficiente para hacer que la APF cambie lo que está mal, para exigir no solo ante los medios sino de forma oficial al presidente una intervención?

A juzgar por lo que establecen los Estatutos de la APF, los clubes afiliados y fundadores de la entidad matriz del fútbol paraguayo, tienen derecho a ir más allá que un simple “plagueo” por todos los medios… los medios de comunicación, claro está. Pueden y deben, si acaso consideran que algo no está funcionando correctamente, exigir cambios o correcciones.

Pero no, nuestros dirigentes prefieren seguir haciendo alarde de lo que mejor saben: quejarse sin actuar, simular que no están de acuerdo con un sistema que ellos mismos respaldan, provocar la irritación de los hinchas que ya están cansados de ver a sus clubes siendo perjudicados por pésimos arbitrajes.

Aquí, el culpable ya no son solo Ubaldo Aquino ni Juan Ángel Napout, quien siempre se lavó las manos en este tema del arbitraje y aún así podría integrar una “Comisión de  Buen Gobierno” en la FIFA, ¿irónico, no? Los verdaderos culpables de que el fútbol paraguayo esté atravesando una crisis arbitral son los dirigentes.

Así es que, al menos de mi parte, no habrá campaña en contra de Aquino y sus discípulos, ni pedido de acción a Napout, quien no es santo de mi devoción. ¿Porqué habría yo de preocuparme con todo eso si los verdaderos perjudicados no se ponen los pantalones y no actúan?

En el país del amiguismo y la comodidad, vale más ser “valientes” de la boca para afuera que enfrentarse realmente a los altos jefes para exigir sus derechos. Si no, que lo diga el presidente del Olimpia, que cada vez que se planta ante la APF recibe un golpe bajo

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Comentarios

2 comentarios
1.
Aplaudo de pie al creador de la nota, totalmente en lo cierto en todos sus puntos. Por el bien del fútbol que tanto amamos ojala algún día se ponga fin a esta mafia que se implanto en el fútbol paraguayo
2.
Su nota es totalmente pobre. No ataca el fondo de la cuestión y se queda en la superficialidad de los verdaderos hechos. Ha ido usted a ver como entrenan los arbitros? Sabe usted que Ubaldo Aquino creo planteles y categorizó a los arbitros? Que por fin empezó con las practicas de campo? Que sacó dos promociones de arbitros nuevos, endureciendo los cursos con examenes de ingreso exigentes, que se inscribieron 500, y solo ingresaron 75.. Que estosd arbitros están en las inferiores? Que para sacar un arbitro de primera se necesitan minimo 6 años? Que cuando llega Aquino le exigen que apure el proceso y saqué arbitros nuevos? Que debia trabajar con los arbitros que habia, que eran los que dejó Maciel? donde 300 se incribian al curso, y 300 se recibian? Metase al arbitraje mi amigo, vaya y observé, pregunté, indague, haga su trabajo de periodista, y no se quedé en la superficie como un hincha mas o como los dirigentes que usted mismos acusa de no hacer nada. Laura Morel, con todo respeto, Sea periodista. Gracias.

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