Miles de personas marcharon este martes 1 de mayo en Asunción. Otras tantas se unieron a un reclamo unísono de "Justicia" en todo el país, colocando pañuelos blancos en sus vehículos. Los teléfonos de las emisoras radiales no pararon de sonar con llamadores indignados ante el más reciente acto de violencia policial.
¿Qué? ¿Qué no se enteraron de nada? Es que en realidad, nada de lo expresado en el primer párrafo es real. No hubo manifestaciones ni mayores muestras de dolor, a pesar de que tras dieciocho días de agonía, Agustín Ledesma, falleció en Emergencias Médicas. Era un joven de 22 años, asesinado por policías.
El 12 de abril en Arroyito, efectivos policiales, CONFUNDIERON, a Ledesma con un integrante del Ejército del Pueblo Paraguayo y básicamente, lo cagaron a balazos.
Ledesma, provenía de una familia humilde, de poco linaje. Nacido en la pobreza, producto de un abuso que sufriera su madre. Vivió con sus tíos, que contaron poco de la historia de Agustín.
Sordomudo, incapaz incluso de prenderse los botones de una camisa, salió a buscar mandarinas aquel jueves. Obviamente, no escuchó que lo altearan, tampoco podía comunicarse ni contar que tenía fobia a las armas y a los policías, ya que de niño fue golpeado en uno de esos muy comunes desalojos campesinos.
Recibió balazos que le cortaron una vida de miseria, una vida que sirve -una vez terminada- solo para las estadísticas de muertes estúpidas en una lucha insulsa con un trasfondo más político que social.
¿Es más fácil contar bondades sobre un muerto que aspectos negativos de un vivo? Totalmente de acuerdo. Pero más aún de nosotros mismos.
Si quieren una revolución, asesinen al hijo de una persona influyente, a alumnos de colegios de alta insignia en Asunción y simplemente, echenle la culpa al EPP. Quilombo garantizado. Horas y horas de micrófonos, días de quejas y plagueos sobre injusticia en la televisión.
Pero no nos desvíemos tanto del tema, cambien el paisaje y pongan a Ledesma muerto ese mismo día, con un par de antecedentes pintados sobre participación "logística" con el EPP. Recreen en su cabeza los aplausos y las felicitaciones para los agentes del orden, ocho en total, que ahora están "bajo sumario" e investigados.
Como sociedad somos un asco, festejamos que "Papá Estado" nos proteja de males que ha creado a través de su propia ineficacia. Celebramos que nos mientan y nos quejamos cuando está de moda. Cuando de alguna manera nos sentimos identificados y amenazados. Pero claro, nada tiene que ver con nosotros la muerte de un pueblerino relegado por un país que nunca le dio una identificación como ciudadano. Ledesma murió a los 22 años, sin siquiera una cédula de Identidad.
Ledesma falleció y pronto será olvidado, mientras tanto, nosotros, estamos profundamente, confundidos. Sí, igual situación a la que vivieron aquel 12 de abril, los uniformados.
* Ayer, en una de esas casualidades de la vida, cuando el cádaver de Ledesma era trasladado a su ciudad natal, un vehículo de la comitiva fúnebre, embistió a una motocicleta, cuyo conductor falleció en el lugar. Era Hugo Salvador Caballero y su relación con toda esta penosa situación era nula, excepto que coincidentemente, era un suboficial de la Policía.
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